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20/03/2026

« De Abya Yala a Kurdistán, florecemos porque la guerra no puede acabar con nuestras raíces  »: ese fue el tema de la tercera conferencia oficial del movimiento de liberación de las mujeres kurdas, organizada por la red Women Weaving the Future, la primera de las tres que se celebrarán fuera de Europa.

Durante la semana del 11 al 15 de febrero de 2026, se reunieron en Bogotá más de 400 mujeres de diversos países, que hablaban diferentes idiomas y pertenecían a diversos movimientos sociales. En el centro de este círculo de debate de mujeres se abordó y reflexionó sobre la lucha de las mujeres frente a la destrucción de la vida y la crisis del capitalismo, que amenaza sin parar la reproducción de cualquier forma de vida. Esta conferencia se dedicó, entre otras cosas, a la memoria de Sakine Cansiz, Rosa Luxemburg y Alina Sánchez, también conocida como Lêgerîn Çiya. También se conmemoraron los diez años del asesinato de Berta Cáceres.

Llena de gritos, cantos y bailes, esta reunión se inauguró con una ceremonia en la que se invocó a los espíritus del fuego, del viento, de la tierra, del humo y del agua. Alrededor de un altar hecho de flores, hierbas aromáticas y semillas sagradas, repleto de ofrendas en memoria de la Madre Tierra (Pachamama) y de las mujeres asesinadas y desaparecidas, ondeaban al viento diversas pancartas con las efigies de las diferentes luchas feministas en resistencia por la defensa de la vida. En el centro del altar: fuego y tambor, una ramita de palo santo y una vela que se quedó prendida todo el tiempo que duro ese ritual sempiterno.

A lo largo de esta semana se reflexionó colectivamente sobre nuevos imaginarios, antagónicos a los esquemas trazados por las lógicas del patriarcado, del capitalismo y del colonialismo. Una voz de Haití subrayó la importancia de reconocer que « este fracaso es más bien un resultado del capitalismo global que un problema interno », y que, en este sentido, estos nuevos imaginarios deben tejerse más allá de las fronteras, allí donde la naturaleza sea descolonizada y los seres que la habitan, liberados.

El objetivo de este encuentro fue tejer una red de resistencia más amplia a partir de las redes que cada una ya ha establecido, una red que converja en una lucha común: el fin del patriarcado y del imperialismo para la liberación de las mujeres, los cuerpos y los territorios.

« Vengo de un territorio donde, desde la época de nuestros abuelos, el río era sinónimo de vida, de alimento, de ritual, de identidad. Un territorio donde el agua no era ni un recurso ni una mercancía. Era un vínculo vivo entre nuestro pueblo, la tierra y el lugar que habitábamos. Hoy, el río se ha convertido en una infraestructura al servicio del saqueo », testifica una compañera de México.

Este espacio de diálogo apostaba por la diversidad en el corazón de la lucha, elemento condicionante de la perdurabilidad de esta. « La lucha debe ser diversa; y si no es, no es una lucha », declara otra compañera de Ecuador. A lo largo de esta semana de conferencias, se han elaborado propuestas con la intención de construir un camino de resistencia internacional frente a la arquitectura de saqueo construida por el Imperio, en un contexto en el que el Estado ha construido « un proyecto de guerra en nuestras fronteras y nos enfrentamos a proyectos perversos de energías alternativas en los que los paramilitares se reconfiguran en el marco de la política estatal de control de las tierras », como comparte una militante de Colombia.

Con el fin de formular estas ideas de manera más concreta y en profundidad, se llevaron a cabo siete talleres distintos, que trataron siete temáticas diferentes: economía, educación, salud, comunicación, artes y cultura. También se abordaron los conceptos de confederalismo democrático e jineología, estas últimas doctrinas políticas teorizadas en el seno del movimiento de liberación de las mujeres kurdas, al igual que la autodefensa de los cuerpos y de los territorios. Este último taller suscitó un debate intenso y fue el primer tema abordado al inicio del taller, ya que varias personas exigieron que el título sea más sensible a la realidad geopolítica de Colombia.

Se evocó ampliamente la importancia de volver a la cosmovisión de los pueblos indígenas: un sistema de pensamientos y valores basado en el sentir. Como nos compartió una compañera de Ecuador: «Si nuestras propuestas no llegan al corazón, no podemos luchar. Volvemos a la familia cósmica: pensar con el corazón».

Por lo tanto, no hace falta decir que pensar desde el corazón fue, es y será fundamental para la lucha. De hecho, entre las principales propuestas figura la voluntad de situar la educación popular en el centro de nuestras prácticas, con el fin de desarrollar una autocrítica a gran escala y reapropiarnos de los saberes ancestrales, así como del cuidado de nuestros propios cuerpos y comunidades.

Se ha destacado en numerosas ocasiones que la educación es un medio determinante para reconocer y valorar la economía del cuidado y, por consiguiente, transformar nuestra concepción de la economía. En este sentido, debemos construir una educación cuya base sea el amor, cuyo alcance sea político y cuyo centro sea la memoria ancestral. Además, al designar la comunicación como herramienta de crítica y la cultura como herramienta de liberación, se ha reafirmado la importancia de multiplicar los lugares y medios de intercambio que fomentan la resistencia. Entre otros, han sido nombrado los círculos de debate, los murales, los programas de radio y los fanzines.

Aunque se plantearon y se incluyeron en el manifiesto de las mujeres por la defensa de la vida muchas ideas y propuestas espontáneas, la conclusión sigue tomando forma. Algunas de las propuestas formuladas se están desarrollando poco a poco, como una iniciativa de economía colectiva, a través de una red de comercialización entre mujeres a escala internacional.

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PASC