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25/07/2015

"Antiguo oficio humano es de querer atrapar la luz. Te acordaras de la última vez que creímos poder iluminar la noche ?.

El tiempo nos ha vaciado de lugar, pero la oscuridad sigue poblada de luciérnagas".

Hoy de nuevo nos han llamado terroristas. Hoy nuevamente hemos sido puestas en el mismo lugar de los señores de la muerte y la ignominia. Hoy ellos insisten en señalarnos como personas extremadamente peligrosas.

Lo que ellos no saben, no conocen es que nuestra apuesta, mi apuesta, la apuesta de las mujeres es la vida, la justicia y la libertad. 

Lo que ellos pretenden acallar son nuestras voces de denuncia contra la violencia y la discriminación, que a diario explota, excluye y asesina nuestras posibilidades de ser y construirnos como mujeres en un mundo, una sociedad que no quiere que así sea.

Ahora somos tres mujeres con una historia común, aquella que empieza el día en el que los señores de la muerte irrumpieron en nuestro espacio vital y nos arrancaron de allí para ponernos en sus jaulas. Tres mujeres que tomadas de la mano caminamos a diario y nos transmitimos con esas mismas manos la fuerza que necesitamos; untamos nuestras manos como una forma poderosa para caminar frente a ellos, con la frente en alto, con nuestra mirada transparente y con nuestra dignidad intacta.

En este corto camino hemos encontrado a otras mujeres; aquellas arrinconadas por la pobreza, el hambre y la falta de oportunidades. Llegamos a ellas con miedo, con la idea de encontrarnos con personas "verdaderamente peligrosas", pero saben, lo que si encontramos fue solidaridad, respeto, ternura, compañía, un rincón caliente, unas manos fuertes que a diario nos han transmitido la esperanza.

Hay otras mujeres aquí, aquellas a quienes un uniforme  las hace aún más esclavas; esperamos que nuestro deseo de libertad por el cuerpo, el pensamiento y la vida misma alguna vez sea transmitido a ellas

Atrás nuestro a lo largo de estos agitadores y duros días hay trece mujeres, nuestras madres que se multiplican en nuestras hermanas, compañeras, amigas, tías, primas y familiares. Vienen a diario para darnos su sonrisa, su amor, su apoyo incondicional. Nos rodean nuestros hombres, amores, compañeros, padres y amigos. Todas y todos ellos desde atrás nos miran con amor, sin vergüenza, se preocupan, pasan sus días y sus noches junto a nosotras; nos ven y nos transmiten tanto, tanto amor que sentimos que un abrazo se extiende sobre nosotras como si se sentaran a nuestro lado y nos dan su calor, mientras los señores de la injusticia nos muestran su sucio montaje.

Allí afuera están ustedes cientos de mujeres que cantan, tocan sus tambores, liberan su cuerpo, sacan su voz se indignación y rabia por esta gran injusticia.

Allí afuera, pero junto a nosotras están ustedes, nuestras familias, amigos y amigas, cada persona con quien alguna vez hemos compartido un pedazo, largo o corto de este camino de vida, de sueños, de esperanzas y utopías.

Todas y todos ustedes con una fuerza indescriptible que nos impulsa a seguir en pie.

Todo no es otra cosa que la fuerza de las mujeres que se mueve, que empuja los cambios de esta historia; que rodea con amor esta que es nuestra reivindicación por la vida: estar firmes, de cara a la verdad y a la esperanza. 

La fuerza, su fuerza que los impulsa a levantarnos cada día y mirarlos de frente y sin vergüenza.

Créannos, esa fuerza que llega a cada instante, que nos anima, nos fortalece, nos llena de solidaridad y apoyo.

Es así: su fuerza, es nuestra fuerza; su impulso, a el nuestro; su amor incondicional es nuestro amor para seguir. No pasaran.

Gracias mujeres y amigos que nos acompañas y nos rodean. Gracias por cada grito, cada voz, cada palabra, cada manifestación de apoyo y de solidaridad.

Paola A. Salgado Piedrahíta.

Lorena Romo Muñoz.

Liseth Acosta

Bogotá.

 

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PASC