Projet Accompagnement Solidarité Colombie

Para maltratar a sus trabajadores, la canadiense Pacific Rubiales viola la soberanía y las leyes de Colombia

30 Septiembre 2011

El pasado 20 de junio de 2011, cerca de 10 mil obreros de Pacific Rubiales suspendieron sus trabajos en el campo petrolero de Puerto Gaitán. Reclamaban las mismas condiciones salariales de los empleados directos, y rechazaban el despido de más de mil obreros. Paralizaron las operaciones de los campos de Rubiales y Quifa (este), donde la petrolera canadiense saquea cerca del 25.8% del total de crudo colombiano, cuyas ganancias repatría hacia el mercado internacional sin que la nación reciba un sólo centavo por participación, y a costa de mantener a sus trabajadores en condiciones subhumanas, propias del siglo XVII.

Las protestas se extendieron a otros campos petroleros, entre ellos, Petrominerales, que viene saqueando hace casi 10 años al municipio de Barranca de Upía – Meta -, en donde rapiña 40.000 barriles de petróleo por día; es decir de 14.600.000.000 barriles de petróleo al año. Entre tanto, los trabajadores, viven en condiciones extremas de penuria. 

Antes que los trabajadores salieran por las calles de Puerto Gaitán a protestar, se presentaron los famosos “héroes de la patria” con sus rostros tiznados y capuchas respectivas. Un trabajador, que no quiso “ficharse”, aseguró que unos 500 o 600 empleados se encontraban desayunando en el casino de la compañía - entre ellos él -, cuando ingresó un escuadrón antidisturbios de la policía, con la cara tiznada, capucha y armas de combate internacional disparando gases y granadas aturdidoras modificadas con metralla. Y el 20 de septiembre 2011, la fuerza pública y la policía antidisturbios- ESMAD, atacó la población civil indiscriminadamente. El gobierno colombiano bombardeó con gases químicos y ametralló con municiones de poliuretano termoplástico. Cuando estas balas de goma se disparan con armas de artillería, como en este caso, la munición sobrepasa velocidades peligrosas de 200 metros por segundo. Si el proyectil impacta el cráneo, los riñones u otras zonas débiles del cuerpo, puede provocar la muerte.

Después destruyeron vehículos y quemaron carpas para responsabilizar a los trabajadores de dichos desmanes. El mismo día que estalló el conflicto, una comisión del sindicato de la USO acudió atendiendo el llamado de los trabajadores. Cuando la transnacional supo de esto, ordenó bloquear con sus camionetas la carretera pública, originando un trancón, impidiendo el paso, incluso a los miembros de la misión médica, quienes tuvieron que romper trocha para transportar personas en ambulancias. En ese lugar se encuentran tropas del Batallón 32 de las Fuerzas de Combate Terrestre de la Uribe, que observaron impávido mientras los extranjeros cerraban una vía pública como si fuera el gobierno de este país.

Complicidad de la prensa oficiosa
El Tiempo, periódico emblemático de la oligarquía nacional, redactó de manera mañosa que en Rubiales no había conflicto laboral, sino un frente de organización criminal. Así lo escribió: “En las horas de la tarde ingresaron dos camionetas blindadas quienes se identificaron como miembros de la USO…una vez que ingresaron al campo, apareció un gran número de personas encapuchadas”. Y concluye su artículo con un panegírico que ni siquiera un panfleto, por ética, sería capaz de escribir: “Pacific Rubiales es una compañía que cumple con todas las normas nacionales e internacionales, aplica y mantiene una clara política de beneficio y respeto hacia los trabajadores, y se caracteriza por ofrecerles incentivos que repercuten en su bienestar y en el de sus familias”.

El Tiempo pretendió incluso hacer creer a la opinión pública, que los trabajadores sometidos todo el día bajo los rayos solares, con lentes y bufanda para proteger los ojos y vías respiratorias del sol y del polvero que se eleva en verano hasta más de un kilómetro de altura, son guerrilleros. También Cortés Vargas,  el 6 de diciembre de 1928, declaró a los trabajadores de las plantaciones bananeras de Ciénaga – Magdalena -, que protestaban por las pésimas condiciones de trabajo, “cuadrilla de malhechores”, para justificar la masacre de más de 3.000 trabajadores. Para la oligarquía de este país, cualquier conflicto laboral o social es criminalizado, judicializado o tildado de iniciativa subversiva.

Entrega con antecedentes
Pacific Rubiales, compañía Canadiense productora de gas natural y crudo pesado, se hizo a un negociado que Ecopetrol y la Agencia Nacional de Hidrocarburos organizaron, para regalarles el patrimonio de nuestra nación a estos personajes. En 1983 Ecopetrol descubrió reservas probadas superior a más de 3.000 millones de barriles de petróleo, y en 1987, sospechosamente, la estatal petrolera firmó un contrato de participación en Rubiales, con 60% para Ecopetrol después de regalías de 20%, a sabiendas que estas reservas no necesitaba contrato de participación. Pero como si fuera poco, firmó otro contrato, el Pirirí, 50% para Ecopetrol, después de regalías de 20%, perdiendo el 10% con respecto al negocio anterior. Sabiendo Ecopetrol que el precio del barril subía, firmó otro contrato de asociación, el de Quifa, también dentro del Campo Rubiales, pero con 30% para Ecopetrol después de regalías, con un descuento de 5%. Cada contrato que hizo Ecopetrol fue leonino para el interés nacional.

Dentro de pocos días la transnacional incrementará la explotación alegando que ella descubrió los yacimientos. En consecuencia, Rubiales no pagará un sólo peso de participación al Estado colombiano. Esto es posible, porque la oligarquía gobiernista de este país no hace auditoría: la Contraloría informa que las cifras que dan las trasnacionales son creíbles y aceptadas por fe, ya que el Estado colombiano no tiene manera de saber si las cifras que dan las trasnacionales son ciertas. Añade la Contraloría que “el Ministerio de Minas y Energía no realiza balance volumétrico entre el crudo que se extrae y el crudo que se vende”, argumentando la extensión kilométrica que separa los pozos, que dificulta la presencia de calificadores del Estado. 

Es decir, Pacific suministra al Estado colombiano las cifras que se le antojan y el gobierno la calcula suponiendo impuesto de renta del 33%. Vulgar mentira: las trasnacionales no pagan este impuesto. Ahora el gobierno pretende subcontratar una trasnacional gringa para que vigile las compañías transnacionales gringas, como quien dice, “poner a los ratones a cuidar el queso”. Si algo han demostrado las transnacionales en la auditoría, es que las firmas fiscalizadoras trabajan en contubernio con los que están bajo vigilancia.

Condiciones de un enclave desvergonzado
Los conflictos con los trabajadores y las comunidades cada vez son más graves. Rubiales está emplazando oleoductos a través de propiedades ajenas, imponiéndoles a los finqueros relaciones contractuales absolutamente inaceptables, haciéndoles la vida insoportable para expulsarlos de sus territorios.

Las exigencias de los trabajadores son derechos amparados por ley. En Pacific hay jornadas semanales hasta de 63 horas, lo que está prohibido, y algunos hacen turnos de hasta 18 horas al día. Los trabajadores exigen que se incremente el salario decretado por el gobierno para el 2011; que haya viáticos y auxilios de transporte; que los festivos se paguen con los recargos de ley; que a trabajo igual se pague salario igual, y que exista algún tipo de escalafón. Que si a un trabajador lo contratan para un oficio y lo ponen en otro mejor remunerado, le paguen por el segundo y no por el primero.

A los empleados en período de prueba no se les cancela su salario; las mujeres trabajan entre 13 y 14 horas, pero sólo se les cancelan 9. Ninguno de los trabajadores está asociado al Seguro Social. Los espacios de alojamiento reflejan la humillación y desprecio que este enclave colonial siente hacia los colombianos, hacinados en barracas y camarotes en condiciones insalubres y antihigiénicas, donde los trabajadores tienen que pernoctar durante 40 días, durmiendo dentro de un cobertizo, sin ventilación para refrescar los ambientes saturados de emanaciones de olores desagradables.

Campo Rubiales se halla muy distante de Puerto Gaitán, casi a 200 kilómetros, en medio de áreas selváticas abundadas por distintas especies de serpientes venenosas; sin embargo, la empresa no dispone de suero antiofídico, ni ambulancia, ni enfermera, ni conductor. Según los trabajadores, la alimentación es inadecuada, de mala calidad, de bajo nivel nutritivo e insuficiente. La empresa no entrega copia del contrato laboral a los trabajadores, en los recibos de pagos no consta la cuantía de los ingresos, ni los días laborados, ni los sobre tiempos. Los descuentos son enigmas. Los salarios no los paga quincenalmente.

Cuando los trabajadores salen de descanso para visitar su familia, tampoco se les paga apropiadamente. Las dotaciones de trabajo no se entregan puntualmente y se entregan incompletas. Las instalaciones sanitarias no tienen enchape con baldosín, son estructuras de letrina rústica, insuficientes y sin privacidad, donde proliferan colonias de microbios y bacterias, que ponen en riesgo la salud de los trabajadores. Además, en las instalaciones el agua es escasa, no alcanza para que todos los obreros puedan asearse adecuadamente.

Después de 40 días de confinamiento en los barrancones, para ir a ver a su familia recorren 180 kilómetros durante 12 horas, por las condiciones de la vía. Los buses carecen de aire acondicionado y no tienen el hermetismo necesario para evitar la entrada de polvo, lo cual genera enfermedades respiratorias. Y al regresar a sus labores, no encuentran camas desocupadas y deben esperar hasta que quede una disponible.

Un obrero trabaja con Pacific Rubiales o con cualquier empresa el tiempo que sea, y nunca aparece vinculado a esa transnacional, porque siempre le ponen un intermediario, cuya labor es hacer el trabajo sucio, perseguir y despojar al trabajador de su salario. Las cifras son elocuentes: Cepcolsa tiene 1.880 trabajadores y apenas reconoce como suyos 83, los otros 1.797 no se sabe de quiénes son para robarle la plusvalía, pero no cumplen su deber por ser “tercerizados”. Meta Petroleum, la empresa operadora de los campos de Pacific Rubiales, tiene 12.644 trabajadores y reconoce 535. Los otros 12.109 son de contratistas o tercerizados que nunca se sabe quiénes son.

Colofón
Desde que se inició el conflicto laboral y social en Puerto Gaitán y luego en Campo Rubiales, los trabajadores y las comunidades han sido objeto de agresiva violencia institucional y empresarial, dejando como saldo 50 trabajadores heridos de consideración, más de 500 trabajadores despedidos y varios miembros de la comunidad afectados. Mientras el Estado colombiano se muestra indiferente e incapaz de subordinar a las multinacionales. Pero antes que dar solución de fondo, el  gobierno montará dentro de las instalaciones de Campo Rubiales el Batallón Número 7, para silenciar toda voz disidente. Los vehículos y combustible que utilizarán las tropas serán suministrados por Pacific Rubiales. Este acto que se constituye en traición a la patria, por cuanto el ejército de Colombia, el de los “héroes de la patria”, operará como ejército privado y mercenario por cuenta de una trasnacional que dejará de ser un campo petrolero, para convertirse en campo de concentración.

Fuentes : Pacific Rubiales: un enclave en Puerto Gaitán, Escrito por Ramón Alcides Ávida Peralta


 

Intervención del senador Jorge Enrique Robledo en el debate de Comisión Quinta sobre Pacific Rubiales, 17 de agosto de 2011.

El debate versa sobre la situación laboral en Pacific Rubiales. Voy a abundar en información al respecto, porque resulta clave que el país sepa lo qué está pasando y que el gobierno nos diga si va a asumir una actitud de resolver la actual contradicción como un conflicto económico y social o la va a convertir en un caso de policía o de ejército, incluso. Qué tipo de relación es la que se va a establecer entre los trabajadores y las empresas en Colombia, es en buena medida el fondo de este debate. Porque las contradicciones son obvias. Siempre habrá contradicciones entre los patronos y los trabajadores. El problema es cómo se tramitan, si de manera civilizada o mediante el abuso de la fuerza y la brutalidad en contra de quien en la práctica es la parte débil de la ecuación.


Lo que revelan las fotografías

Se puede descargar la presentación  aquí

Antes de entrar en el tema, quiero mostrar unas fotografías de algunos hechos que acaban de ilustrar lo que allí está pasando y cómo se le está mintiendo al país. Este es el Campo Rubiales, ahí está el letrero y estas son las camionetas de la empresa. No las olviden.

 Esta segunda foto muestra una parte de las instalaciones donde están los trabajadores, esas son unas carpas y creo que esos son unos cambuches. Se trata de unos campos, recordémoslo, que quedan lejísimos, a 180 kilómetros de Puerto Gaitán, y los trabajadores tienen que pernoctar allí durante tiempos largos, hasta de 40 días, de modo que la empresa debe ofrecer unas condiciones mínimas de habitabilidad. Este, el tipo de cambuche en el que se aloja a los trabajadores. Aquí, un cambuche por dentro. Miren ustedes cómo son las camas y los camarotes, miren la distancia que hay entre una y otra, e imagínense las condiciones de un cambuche de estos en un territorio donde ya al aire libre hacen temperaturas infernales.

 En muchas ocasiones son cambuches con camarotes de cama caliente, que llaman, pues para usted poderse acostar tiene que levantar a otro. Ni siquiera hay la garantía de que haya camarotes para todos y las condiciones son inferiores a las de las cárceles de Colombia. Otra foto. Este es el tipo de instalación sanitaria (ni siquiera tiene enchape con baldosín sanitario). ¿Usted se alcanza a imaginar, ministro, el calibre de los microbios y bacterias que puede haber dentro de esa especie de letrina a la que están sometidos durante semanas los trabajadores, un tipo de instalación para el que el agua no alcanza?

Las carreteras (la foto muestra una vía con una tractomula varada en un profundo barrizal), otro de los problemas graves, porque hay conflicto con los trabajadores, pero también, y cada vez más grave, con las comunidades. Es una zona de agricultores, de ganaderos, de gentes en diversas actividades a quienes se viene atropellando de mil maneras. Miren las condiciones de una de las carreteras por las que transita el trabajador cuando intenta ir a su casa a ver a su mujer y a sus hijos. Sabe cuándo sale pero no cuándo va a llegar a descansar.

Otra foto. Las empresas, sobre todo Pacific Rubiales, se han empeñado en aducir que aquí no hay un conflicto laboral, sino unos antisociales que andan encapuchados provocando desórdenes. Doctor Gutiérrez, sería bueno que Ecopetrol, que como bien lo aclararon los trabajadores, es socia de Pacific Rubiales, trasnacional canadiense, nos dijera a los colombianos si es verdad que ahí hay trabajadores y contradicciones laborales o de lo que se trata es de unos antisociales dedicados al crimen. Bueno, en la foto aparecen trabajadores de JM, una empresa de contratistas de Cepcolsa, una trasnacional española. En esta foto van los antisociales, como los ha llamado la empresa, en un desfile de protesta por las calles de Puerto Gaitán exigiendo que les atiendan sus peticiones laborales. Cuando los dirigentes de la USO lograron casi que de milagro llegar a Rubiales una vez iniciado el cese de actividades, que estalló espontáneamente por cuenta de trabajadores de Rubiales, al sindicato no lo dejaron entrar.

Otra. Aquí tenemos al vicepresidente del sindicato, a Germán Osman (que estaba en ese momento en la sesión de la Comisión Quinta), el antisocial que según Rubiales les está hablando a un poco de encapuchados (no hay ni un encapuchado en la foto). Pero observen que aquí de lo que se trata es de trabajadores comunes y corrientes, pobres, sí, señores canadienses de Rubiales, pero honrados, dignos y con todo el derecho de ser respetados y no maltratados, como ustedes lo vienen haciendo. Otra expresión de la protesta que se estaba realizando después de meses y meses de solicitudes, peticiones y cartas que clamaban por atención, y estalló, insisto, de manera espontánea.

Otra. Este es uno de los casos más escandalosos, ministro, y quisiera que usted se refiriera a él de manera precisa en su intervención. Esta es una carretera pública, y les llamo la atención a los colombianos que algún día vean el debate por televisión. Pues bien, el mismo día que estalló el conflicto, cuando Pacific Rubiales supo que cuatro dirigentes de la USO habían decidido trasladarse por su cuenta y riesgo desde Puerto Gaitán hasta el campo a ver qué era lo que pasaba, decidió bloquear con sus camionetas una vía que es pública, y miren el calibre del trancón que se armó. Es una vía pública, repito. Los canadienses imponiendo la justicia, dirán ellos, como se les da la gana, ministro y presidente de Ecopetrol, y eso solo debería dar para rescindir el contrato con sus socios. Si este tipo de conductas se hacen en público y a la luz del día, qué no harán los capataces de Rubiales con los trabajadores que tienen encerrados en esa especie de campo de concentración, cuando nadie los ve y cuando nadie puede controvertirles. Pero aquí hay algo peor y el detalle es importante. Observen este punto aquí. ¿Quiénes son los que están mirando? Las tropas del ejército de Colombia. Ministro, ¿esto qué es? El ejército de Colombia observando impávido mientras el capital extranjero cierra una vía pública porque se le da la gana. Esta es la placa de la camioneta.

Esto otro ocurrió el 5 de agosto (días después del caso anterior), cuando Rubiales cerró otra vía pública, esta vez ya no con camionetas sino con toneladas de piedra. Es la barbarie, señor presidente de Ecopetrol, la barbarie, señor ministro. Con un agravante para ellos. Con la misión de la USO que intentó hacerse presente a cumplir sus derechos constitucionales, porque en Colombia no es un crimen ser sindicalista, o por lo menos es lo que se supone, iba el señor Red Dumitt, representante en Colombia de la AFL-CIO, la principal central obrera norteamericana. O sea, hay un testigo distinto de los trabajadores de la USO que puede certificar lo que hizo Pacific Rubiales para impedir que unos colombianos, acompañados de un ciudadano democrático de Estados Unidos, cumplieran con lo que ellos consideran sus derechos sindicales.

 Si esto es lo que está ocurriendo allá a la vista, señora viceministra del Trabajo, podemos imaginarnos lo que sucede cuando no hay testigos. Otra foto (aparece un trabajador parado al rayo del sol en una carretera y protegiéndose la cara y los pulmones con una especie de capucha y lentes). Estos son los famosos encapuchados de los cuales habla Pacific Rubiales. Este es un trabajador de Pacific Rubiales y esta, una carretera que, según el médico de Puerto Gaitán, puede levantar en verano polveros de hasta un kilómetro de altura. Y ese pobre compatriota tiene que estar parado ahí todo el día. Se cubre entonces hasta donde puede a ver si no los matan el polvero y el sol, y las desgracias y la mala alimentación y el cambuche y la letrina. Y es la prueba que esgrimen los señores de Pacific Rubiales para hacer creer a la opinión pública que allí lo que hay son delincuentes.


Relaciones civilizadas con el extranjero

Intentemos explicar el asunto. Empiezo aclarando que no soy enemigo de la inversión extranjera, porque sobre esto hay una cantaleta contra el Polo. Si sobre alguien se miente en Colombia de manera sistemática, es sobre el Polo. Ustedes no encontrarán una sola declaración ni del Polo ni mía que afirme que en Colombia no puede haber capital foráneo o que no debemos relacionarnos con los extranjeros. Tampoco lo ha hecho nunca el sindicato de trabajadores del petróleo. Lo que hemos dicho es que esas relaciones deben ser civilizadas, democráticas, respetuosas de la soberanía nacional, y que hay negocios buenos y negocios malos, y que los malos es mejor no hacerlos. A la hora del balance, preguntamos: ¿cuánto pagan de regalías, cómo son las condiciones laborales, cumplen con el Código Sustantivo del Trabajo, pagan los impuestos que deben pagar, destruyen o no el medio ambiente? Cuando uno entonces se atreve a cuestionar, le replican: es que usted es enemigo de que Colombia se relacione con el extranjero. No, lo que pasa es que estamos pidiendo relaciones no de ese grado de indignidad que estamos viendo aquí. En el caso personal mío, tengo incluso a alguien muy cercano, de mi familia política, que es ciudadano canadiense. Cada vez que puedo viajo al exterior y me siento muy bien en todas partes, ese no es el problema. Lo que no se puede aceptar es que los consorcios foráneos vengan a hacer aquí lo que se les dé la gana como si estuviéramos en los días de la Colonia española. Esa es en buena medida la discusión que estamos haciendo.

Ya lo mencionaron aquí los trabajadores (dirigentes sindicales de la USO acababan de hablar en la Comisión). Son luchas que en buena medida estallan casi que solas, porque entre otras cosas, nunca han permitido que los trabajadores se asocien. Lo que se da es entonces un poco la expresión de la desesperación, y las luchas estallan casi que solas. Ahora, ¿cuál es el fondo del asunto? Lo han mencionado pero yo lo quiero subrayar. En Colombia se ha impuesto, señor ministro, y usted lo sabe e incluso el gobierno lo vende en el exterior como una maravilla para atraer el capital extranjero, que con la complicidad del Estado, se montó un Código Laboral calculado para negarles a los trabajadores los derechos que en teoría les ofrece la Constitución. Lo sabe también el presidente de Ecopetrol, porque ustedes lo usan. Es toda una serie de argucias, de trampas, de mañas, de interpretaciones. Se han levantado la teoría de que un obrero trabaja con Pacific Rubiales cinco años o el tiempo que sea y nunca aparece vinculado a Pacific Rubiales, o labora veinte años con Ecopetrol o con cualquier empresa y nunca trabajó con ella, porque siempre le meten un intermediario cuya labor es hacer el trabajo sucio, abusar, maltratar, perseguir, reprimir, para ganarse unos pesos sobre la base de bajarles los salarios a los trabajadores.

Ese es el lío y las cifras son elocuentes: Cepcolsa cuenta con 1.880 trabajadores y apenas reconoce como suyos 83, los otros 1.797 no se sabe de quiénes son. Para ganarse la plusvalía y enriquecerse, sí son trabajadores suyos, claro, y se la ganan toda, pero no ya cuando se trata de cumplir con algún deber. Pasan a ser tercerizados, que llamamos. Meta Petroleum, la empresa operadora de los campos de Pacific Rubiales, también socia de Ecopetrol, tiene 12.644 trabajadores y reconoce como suyos apenas 535. Los otros 12.109 son de contratistas o tercerizados o como se llame, pues cada vez se inventan una figura nueva, siempre para negarles a los trabajadores sus derechos, y claro, no puede haber sindicato. Ustedes se imaginan lo que le pasa a un trabajador enfrentado con un capataz en una empresa a 180 kilómetros de Puerto Gaitán, cercada con guardias privados de seguridad, ahora reforzados con la policía y el ejército. ¿Qué tiene de democrática esa relación? El capataz, si se le da la gana, le puede decir al trabajador “dentro de media hora se fue de aquí, se larga” y llama a la seguridad de la empresa y lo saca. Eso es lo que están montando.

¿Entonces qué sucede? Estabilidad laboral cero. Y los trabajadores del mundo luchan por estabilidad laboral, obvio, todos los seres humanos luchamos por contratos que nos den una mínima garantía y que no pueda llegar el patrón a echarlo a uno como un perro. Es una reivindicación de la vida, ministro, usted lucha también por eso para usted y para sus hijos, yo lo hago, todos lo hacemos, pero en Pacific Rubiales no se reconoce.

Jornada laboral, otra lucha de los trabajadores de toda la vida. ¿Se acuerdan ustedes de las grandes huelgas en Estados Unidos por los tres ochos, ocho horas trabajo, ocho horas de estudio, ocho horas de descanso? Aquí, al trabajador que exprese que quiere una jornada de ocho horas, le llaman la policía y el ejército, porque es sospechoso de los peores crímenes. Voy a demostrar, presidente de Ecopetrol y ministro, cómo las normas sobre jornada se violan de la manera más descarada, y quien no se someta es despedido.

Los salarios, ridículamente pequeños frente a los internacionales, lo voy a mencionar también. Y de las condiciones sanitarias, ni hablar. Las vimos en las fotos, y agradezcamos, ministro, que las fotos no huelen, porque usted estaba muy cerca. Esas son las realidades que están viviendo nuestros compatriotas. Camas calientes.

Quiero resumir en términos generales lo de los salarios, para que nos ubiquemos en el negocito que se les vende a los extranjeros. Los salarios que están pagando Cepcolsa y Meta Petroleum equivalen al 9% de lo que gana un trabajador petrolero en Norteamérica. Con respecto a los salarios de Ecopetrol son también muy bajos, y eso que en Ecopetrol hay una serie de garantías no salariales, que por supuesto hacen parte del ingreso y son garantías que no se les dan a estos trabajadores.

Antes de continuar con el caso de los trabajadores, me quiero referir a un punto clave, ya señalado muy bien por la senadora Maritza Martínez, y es el de unas comunidades indígenas a las que están masacrando de mil maneras, sin la menor intervención del Estado, por problemas gravísimos de prostitución y alcoholismo. Pero no son solo los indígenas, a quienes en Colombia normalmente ningún gobierno ha considerado. Es el común de la gente. Están tirando los oleoductos como se les da la gana, imponiéndoles a los finqueros unas relaciones contractuales absolutamente inaceptables. Cuando se aprobó una ley sobre el tema, yo advertí que se buscaba sacrificar a las gentes del común, propietarios de terrenos rurales, para que las petroleras pudieran hacer con sus predios lo que se les diera la gana. Ya ha habido enfrentamientos graves entre los campesinos y los empresarios y el gobierno nacional. El caso de los costos de los fletes, también ya se mencionó aquí. A los arroceros los están quebrando y encima les van a echar el TLC con Estados Unidos.


Los hechos

¿Cuál es la historia? Mencionémosla. El primer caso es el de Cepcolsa, una transnacional española cuya matriz se llama Cepsa, en España, y el pleito fue con una empresa llamada Montajes JM. Son 1.200 trabajadores, que después de pedir y pedir y nunca ser atendidos, decretaron un cese de actividades. Cuál es la primera reacción de Cepcolsa y JM. Suspender el contrato y decirles a los trabajadores: con ustedes no hablamos. Y la segunda decisión que Montajes JM acuerda con Cepcolsa es despedir a 1.100 trabajadores. En una población como Puerto Gaitán, cualquiera puede imaginarse el impacto económico y social de una medida como esta. ¿Y qué quieren? ¿Que los trabajadores, los ciudadanos, las gentes sencillas, vean un horror como este y no digan nada ni hagan nada, ni siquiera salgan a una manifestación ni hagan una marcha ni exijan ningún tipo de solución? Repito, los colombianos del común pueden ser pobres, pero son dignos y hacen valer su dignidad como la hace valer cualquier ser humano. O qué, ¿tenían que aplaudir a los españoles por ese trato que les estaban dando? ¿Eso era lo que había que hacer, ministro? Y cuando los trabajadores reclaman, cuál es la respuesta del gobierno. Mandar el ejército y a la policía y armar un lío de orden público por cuenta del Estado.

El presidente Santos dijo en una reunión sobre el tema que aquí no podía haber vías de hecho. ¿Pero quién empieza con las vías de hecho? ¿O es que los trabajadores colombianos no tienen derechos en Colombia, y si reclaman, entonces les cae encima todo el peso de la autoridad, con ejército y policía, a maltratarlos? Y entonces ahí sí se rasgan las vestiduras, porque cómo se ve de mal este conflicto en el extranjero, se van a dañar las inversiones extranjeras y no sé qué más cosas. Y por qué no piensan en todo eso cuando están montando el negocio y atienden bien a esos compatriotas.

Por pura coincidencia, estando reunidos en Bogotá el gobierno nacional, la Vicepresidencia de la República, Cepcolsa y la USO, que aparece después de que el conflicto ha empezado –había podido aparecer antes, lo que pasa es que no la dejaban, porque trabajador al que cojan afiliándose es despedido instantáneamente y si está de malas, le echan encima la policía–, llega la noticia de que los trabajadores de Rubiales habían entrado en cese de actividades reclamando básicamente lo mismo que los de Cepcolsa, peticiones del siglo XIX, ministro y presidente de Ecopetrol. Buena parte de lo que están pidiendo los trabajadores son realidades del siglo XIX y estamos en el siglo XXI. ¿Qué sucede? Pues como los empresarios de Pacific Rubiales no se avienen a nada ni facilitan las cosas, la USO plantea: vamos hasta el campo y breguemos a conversar a ver cómo se tramita una solución tranquila del conflicto. La empresa se niega. Y al otro día, de madrugada, como lo relataron aquí, aparece el Esmad y reprime brutalmente a los trabajadores. Y hay por supuesto un estrellón.

Hubo un acuerdo entre los trabajadores y Pacific Rubiales. Esto es importante, ministro, usted sabe bien que hubo un acuerdo, y en esto insisto porque Rubiales anda diciendo por ahí que no lo hubo, un acuerdo consistente en no tomar represalias, en conversar a ver qué se podía hacer allí, en un cierto respeto de los contratos, etc. La empresa se niega a cumplir, lo que acaba de agravar la situación, porque lo menos que tiene que haber en unas relaciones civilizadas es que se asuman los compromisos, porque o si no, qué tipo de país se va a montar si dos partes firman un acuerdo y después una de ellas niega que lo haya hecho.

¿Qué dice JM o Cepcolsa? Nosotros no aceptamos peticiones de nada, porque nosotros somos nosotros y nosotros hacemos lo que se nos antoje. Esa fue la respuesta que dieron en una reunión con el Ministerio de Trabajo. Y ya vimos que así procedieron. Suspendieron los contratos, los cancelaron y se acabó el asunto.


Peticiones elementales, más del siglo XIX que del XXI

¿Qué es lo que están pidiendo los trabajadores de Cepcolsa? Y me excusan que de pronto me alargue un poco, pero es que el país tiene que saber cuál es el pleito, porque aquí no pueden seguir los medios de comunicación machacándole al asunto del estrellón sin explicar las causas y sin buscar quién tiene la razón. Primer punto del pliego de peticiones, que no haya represalias como despidos, vetos, exclusiones; que haya respeto con los trabajadores; que la empresa instruya a los capataces y a los administradores para que traten con una actitud digna a los trabajadores; que la empresa saque una circular, increíble, ordenándoles a sus capataces tratar de una manera civilizada a los trabajadores.

La jornada laboral: el Código permite una jornada laboral especial, la de 21-7 que llaman, 21 días continuos de trabajo y 7 de descanso remunerado. ¿Qué piden los trabajadores? Que se cumpla la ley; que se vea qué se hace con esos tiempos larguísimos de desplazamiento a sus hogares que han de hacer los obreros por las condiciones específicas, y que la empresa reconozca que ahí hay un derecho que debe ser atendido. Que se aplique el incremento salarial decretado por el gobierno para el 2011. Que haya viáticos y auxilios de transporte. Que los festivos se paguen con los recargos de ley. Que a salario igual trabajo igual, petición también increíble a estas alturas, y que exista algún tipo de escalafón. Que si a un trabajador lo contrataron para un oficio y lo ponen en otro mejor remunerado, le paguen por el segundo y no por el primero.

Hay un problema grave en Puerto Gaitán y es que a los obreros les roban la plata en las oficinas bancarias adonde van a cobrar la plata. Le piden entonces a la empresa que mire a ver cómo hace para impedirlo.

Miren lo que piden en alojamiento: “La empresa se compromete adecuar las instalaciones de los campamentos en los cuales se encuentra alojados los trabajadores en condiciones de comodidad, aseo, infraestructura e higiene”. Lo que están pidiendo es que haya higiene en los campamentos. “La empresa mantendrá la dotación suficiente de toallas, sábanas, almohadas y kits de aseo, cada campamento contará con una batería de baños en proporción de un baño por cada cuatro trabajadores, en los alojamientos se contará con comedores debidamente adecuados y dotados con un cuarto de televisión, salón de juegos, gimnasio y lavandería”. Esos compatriotas están como en unos campos de concentración, ¿y es mucho pedir un televisor? ¿Pedir algún espacio para recreación?

La empresa entregará a cada trabajador copia del contrato de trabajo cuando se firme, ¿es una petición exorbitante? En los recibos de los pagos deberán constar los ingresos, los días laborados, los sobretiempos, los descuentos, ¿una demanda excesiva? Los salarios se pagarán los 15 y los 30 de cada mes, ¿desmesurado? Si hay trabajadores afiliados a un sindicato, que la empresa les descuente la cuota. Que por supuesto les paguen los días de las asambleas permanentes. Son cosas todas de ley.

En salud ocupacional: que se constituyan comités de salud ocupacional; que haya capacitaciones y recreación según el artículo 21 de la Ley 50; que en campos tan lejanos, haya una ambulancia con un conductor y una enfermera, por si sobreviene un accidente o algún problema, el trabajador tenga alguna posibilidad de sobrevivir; que haya suero antiofídico, en una zona llena de culebras, de las unas y de las otras; y que el suero antiofídico esté en buenas condiciones de preservación; que se afilie a los trabajadores a la seguridad social en salud; que si las EPS remiten a un trabajador fuera de Puerto Gaitán, la empresa ayude a pagar los costos de desplazamiento.

Estabilidad: piden como mínimo contratos de cuatro meses, ni siquiera a término indefinido. Lo que resulta inaudito es que estemos en semejante problema con peticiones como estas, repito, más del siglo XIX que del XXI.


¿Cuáles trabajadores? Yo no tengo trabajadores

El caso de Pacific Rubiales si se quiere es peor, porque ha salido más a luz. Los directivos de Cepcolsa han estado más o menos callados y se les nota menos, se les ve menos el alma. Los de Pacific Rubiales, en cambio, han estado más bien conversadores. Por ejemplo, el pasado 20 de julio, el presidente de Pacific, Ronald Pantín, “reiteró que los manifestantes no eran trabajadores de la empresa”. ¿Cómo puede haber relaciones civilizadas cuando un patrón niega tener trabajadores? Ahora, lo presenta de manera mañosa, porque yo ya he explicado cuál es el truco. Y miren lo que agrega: “Que no va a tomar represalias de carácter laboral contra los empleados que hayan participado en las manifestaciones”. ¿Entonces al fin qué? En el primer renglón dice que los manifestantes, o sea, los de la lucha, no eran trabajadores de la empresa y cinco renglones más allá dice que no va a tomar represalias de carácter laboral contra los empleados que hayan participado en las manifestaciones. Nos trata como estúpidos. Si no eran trabajadores suyos, por qué no va a tomar represalias contra ellos. Y asegura también que nunca han firmado ningún acuerdo laboral, cuando aquí los directivos de la USO tienen un fax que lo desmiente. En seis renglones dos mentiras. Así es bien difícil.

Pero además los de Pacific pagaron un aviso y me voy a detener en él, porque me parece de una gravedad inaudita. Esto solo, señor Ministro y señor presidente de Ecopetrol, los ha debido llevar a ustedes a hacerle un reclamo formal muy duro a esa empresa, porque no se pueden sacar en El Tiempo avisos de este calibre, que pueden conducir a hechos demasiado graves en un país como Colombia. Lo voy a leer con algún detalle, para que vean ustedes cómo está redactado de manera mañosa para transmitir la idea de que no se trata de un conflicto laboral y que lo que hay al frente es una especie de organización criminal. Y así lo está atendiendo el gobierno cuando les mete un batallón dentro de la empresa. Dice la Pacific que “en el día de ayer 18 de julio a las 4 de la mañana se presentó un grupo de cincuenta personas extrañas y ajenas a la compañía bloqueando las vías internas del Campo Rubiales, impidiendo el desplazamiento del personal a sus puestos de trabajo –personas extrañas y ajenas a la compañía, ojo a los adjetivos– (…) Durante el día los trabajadores fueron obligados a cesar sus actividades en contra de su voluntad, violándoseles su derecho al trabajo. Y con amenazas de tomar represalias en caso de no apoyar el cese de actividades”.

Y ojo con esto, también inaudito, presidente de Ecopetrol y ministro: “En las horas de la tarde ingresaron dos camionetas blindadas quienes se identificaron como miembros de la USO –ni siquiera eran miembros de la USO, se identificaron como miembros de la USO– con escoltas armados violentando las medidas preventivas de seguridad que ha dispuesto la compañía para proteger a sus empleados”. Sí son blindadas, aclaro, ¿y por qué son blindadas las camionetas de los dirigentes sindicales en Colombia? Pues porque los asesinan, ministro, y si tienen escoltas armadas, son funcionarios del Estado colombiano, pero el señor de Pacific Rubiales nos los presenta como si fueran integrantes de una banda de delincuentes que irrumpió allí. Ahora ya supimos lo que intentaron hacerles para que no entraran. Sigue el comunicado: “Una vez que ingresaron al campo las camionetas blindadas –o sea, todo tenebroso– fueron apareciendo un gran número de personas encapuchadas, instando a realizar actos violentos”. ¿Qué presentación es esta? No voy a seguir leyendo, porque lo publicó El Tiempo. Es la única versión que tiene Colombia de lo que allí pasó.

Pero sigue diciendo que se procedió a intentar un diálogo con los infiltrados, sin llegar a un entendimiento por parte de ellos, que los manifestantes continuaron con los bloqueos y que se tiene conocimiento de que otros grupos ingresaron con armas al campo y procedieron a la toma violenta de las instalaciones. Demasiado grave, ministro, que lo afirme una trasnacional. El texto aparece completo en el periódico El Tiempo. Y después, por supuesto, la consabida demagogia. Pacific Rubiales es una compañía que cumple con todas las normas nacionales e internacionales y que aplica y mantiene una clara política de beneficio y respeto hacia los trabajadores y se ha caracterizado por ofrecerles incentivos que repercutan en su bienestar y en el de sus familias. Entonces lo que sucede es que hay doce mil trabajadores que se volvieron locos y que no reconocen las maravillas de esta satrapía canadiense que maneja a Pacific Rubiales.

Lo rechazo indignado, y mientras haya un senador del Polo Democrático Alternativo en el Congreso de Colombia, esto no va a quedar impune, señor ministro. Pueden hacer lo que quieran, pero aquí no nos van a repetir la dosis que ya padecimos durante la huelga de las bananeras. A mí no se me olvida que el general Cortés Vargas llega a la Zona y lo primero que hace, en la famosa huelga de los trabajadores de banano de Santa Marta contra la United Fruit Company, es declararlos cuadrilla de malhechores. ¿Cuánta distancia hay entre esta aviso de Pacific Rubiales y declararlos cuadrilla de malhechores?

 

 

Autor: 
Ramón Alcides Ávida Peralta, Senador Jorge E. Robledo

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