Projet Accompagnement Solidarité Colombie

La Palma africana : Un proyecto mundial, social y ecológicamente destructor

7 Febrero 2007

¿Por qué el enorme desarrollo de las plantaciones de palma aceitera en el mundo actual? ¿En qué condiciones sociales y ecológicas se realiza esta expansión?

 

La primera pregunta es el por qué del enorme desarrollo de las plantaciones de la palma africana en el mundo actual, en los tres continentes del Sur, América Latina, África y Asia. La segunda cuestión es conocer las condiciones dentro de las cuales se realiza esta extensión: condiciones ecológicas en primer lugar, porque reemplazan en muchos casos cultivos o bosques existentes; y condiciones sociales, tanto para las poblaciones existentes como para los trabajadores del sector.

 

La intención de un estudio de este tipo es alertar a la opinión pública mundial y a los líderes políticos sobre este desafío mayor, todavía poco conocido. La atención sobre el problema fue llamada en particular por la situación de varias regiones de Colombia, donde la extensión de la palma significa graves daños ecológicos y dramáticas circunstancias sociales, implicando la intervención de paramilitares autores de masacres.

 

La importancia estratégica de la palma africana

 

El consumo general mundial aumentará presupuestamente un 60 % entre 2002 y 2030 (J. Michel Bezat, 2006), lo que significa una enorme necesidad de energía nueva. Las fuentes principales actuales, el carbón, el petróleo, el gas, no solamente disminuyen, sino que son la principal fuente de la degradación del clima.

 

La seguridad energética es una de las mayores preocupaciones de los principales polos económicos del planeta. Ya no existe esta seguridad en caso de ruptura de la cadena del petróleo. La energía nuclear cubrirá, según las previsiones, solamente el 4% del consumo mundial en 2030. Además provoca muchas objeciones por su peligroso potencial, por el grave problema de los deshechos (Pierre Eyben, 2006, 11-13), al mismo tiempo de ser vulnerable técnicamente.

 

La energías solares, aeromotores, geotérmicas, marinas, conocen un desarrollo importante, pero son incapaces en un futuro previsible de satisfacer la demanda mundial de electricidad, estimada en 26.018 mil millones de Kw en el 2025 (14.767,75 en el año 2000), sin hablar de la necesidad de disminuir la producción eléctrica gravemente contaminante (carbón, petróleo) que en el 2004 representaba todavía más del 60% (J.M. Bezat, 2006).

 

Un problema similar se plantea para lo medios de transporte que contribuyen con una importante parte a la producción de CO² en la atmósfera y que, a pesar de la disminución del consumo de los motores, padecen también del aumento del precio del petróleo (Stéphane Lauer, 2006a). Se calcula que el día que los chinos compren tantos vehículos como los europeos, su consumo de energía será correspondiente a mil millones de toneladas equivalentes-petróleo (Stéphane Lauer, 2006b).

 

Todo eso hace prever que estamos saliendo de la era del petróleo, y que el carbón, todavía abundante, no será una solución adecuada e inmediata por el costo que representa su utilización con menos producción de CO².

 

Es así que se abre el camino a la utilización de la biomasa, es decir, la energía producida a partir de la madera, de los deshechos vegetales o también de la caña de azúcar, del maíz, del trigo, del colza, de la remolacha. Esta fuente de energía representa por el momento el 14 % de la producción energética mundial (un 30% en los países en desarrollo).

 

El director de la Fundación Zeri en Ginebra, el doctor G. Pauli, afirma que la palma africana produce 200 millones de toneladas de biomasa por año, de la cual se utiliza sólo el 10%. Una parte importante es incinerada, lo que produce todavía más CO². Se estima que cada hectárea produce 25 toneladas de deshechos vegetales (G. Pauli, 1999), que podrían ser utilizadas para producir energía a partir de la biomasa.

 

La producción de metanol de origen vegetal tiene varias aplicaciones. La más conocida es su transformación en biocarburante (petróleo verde o fresco). Se prevé que en 2010, esta fuente representará el 5,75% del consumo europeo. Para eso se estima que 17 millones de hectáreas, sobre los 97 millones existentes, tendrán que ser utilizados para este fin (Dominique Gallois, 2006). Ya en el 2005, el "fiul flexible" (alcohol incorporado a la gasolina) es utilizado por más de 300.000 vehículos en Brasil.

 

La otra aplicación es la utilización del hidrógeno, con la pila a hidrógeno, no contaminante y produciendo sólo agua y calor. La primera generación utiliza hidrógeno extraído del metanol proviniendo del carbón y del gas natural. La segunda generación utiliza el mismo gas extraído de la biomasa (electricidad que permite electrolizar agua y producir hidrógeno). Se trata del hidrógeno verde.

 

Jérémy Rifkin, presidente de la Foundation on Economic Trend, habla de una nueva era energética y de una tercera revolución industrial (J. Rifkin, 2006). La aplicación será una realidad desde el 2007 para las computadoras y otros instrumentos de comunicación, y, según el mismo autor, en 2010-12, lo será para vehículos, buses y camiones, como para redes eléctricas. Aunque esta posición aparezca para muchos como demasiado optimista, indica bien la dinámica del futuro.

 

Frente a esta situación se plantean estrategias de control económico de escala mundial y también problemas geopolíticos, tanto inmediatos como a medio y largo plazo. Es en este contexto que aparece la extensión del cultivo de la palma africana.

 

La extensión del cultivo de la palma africana

 

La palma africana (elaeis guineensis) proviene de África y fue utilizada desde hace miles de años para obtener el aceite. Representa casi el 25% de la producción de aceites vegetales en el mundo.

 

África Central fue el productor principal, el Congo en particular antes de su independencia y luego Nigeria (con un 64% en los años 60). Desde los años 80 les superó Malasia, pues dominó el mercado. Sin embargo, con la crisis asiática de 1997, la tendencia fue la de invertir en otras áreas del trópico. En América Latina, después de un ensayo poco exitoso al principio del siglo XX, se retornó al cultivo de forma extensiva desde el final de los años 80.

 

Por el momento, el uso alimentario de los aceites vegetales es predominante, aún el de la palma africana, pero se prevé que su papel en la producción de energías renovables aumentará rápidamente.

 

La palma africana produce dos tipos de aceite, provenientes respectivamente del fruto y de la semilla. Los árboles dan frutos después de 4 a 5 años, y se encuentran en el máximo de la producción a los 20 a 30 años. El aceite alimentario se comercializa en aceite comestible, margarina, cremas, etc. El aceite industrial se utiliza en la fabricación de cosméticos, jabón, detergentes, velas, lubrificantes, etc.

 

En 1997, sobre 6,5 millones de hectáreas, 17,5 toneladas eran del fruto de la palma, y 2,1 toneladas provenían de la semilla. La estabilidad de la demanda, debida en parte a la interrelación con otros tipos de aceites y el incremento desproporcionado de la producción, además de otros factores, han provocado que en los últimos años el precio disminuya de manera constante. Es el caso de todos los productos agrícolas.

 

El impacto social y ambiental del cultivo extensivo de la palma africana

 

El cultivo extensivo de la palma africana requiere poca mano de obra, muchos fertilizantes químicos y mucho terreno. Por tratarse de una palmacea arborea, ha entrado en los planes de reforestación de muchos países donde ha sido presentada como una excelente inversión, incluso con matices ambientalistas. El modelo de cultivo que se presenta en estos casos sigue siendo hoy el modelo asiático de grandes extensiones de monocultivo. En otros casos, los campesinos ponen el trabajo y en muchos casos la tierra, y luego obtienen un producto que puede procesarse, eventualmente de forma artesana, pero con bajísimos rendimientos. El procesamiento mecánico, al contrario, ofrece altos rendimientos, pero estando los molinos o prensas en manos de pocos terratenientes (generalmente transnacionales), que en muchos casos representan monopolios absolutos. Ellos pueden ofrecer precios muy bajos, donde no se reflejan ni los gastos ecológicos, ni las consecuencias sociales. La caída de los precios afecta así a los pequeños productores.

 

Para la introducción de las nuevas plantaciones se utilizan en muchos casos zonas de bosque húmedo tropical, que son arrasadas, fertilizadas, plantadas y posteriormente rociadas de continuo con potentes herbicidas que, junto a los fertilizantes químicos, traspasan al suelo contaminando las fuentes de agua. En los terrenos cultivados de esta forma resulta muy difícil introducir otros cultivos simultáneamente, debido a la propia acción de los herbicidas.

 

El desplazamiento de las poblaciones autóctonas es, en muchos casos, forzoso y irrisoriamente compensado. En Colombia ha sido ejecutado a sangre y fuego, con total impunidad. Además, está la construcción de embalses para la irrigación y de otras obras, con efectos semejantes.

 

Las consecuencias del cultivo extensivo de la palma africana son conocidas fundamentalmente en el marco de las comunidades o poblaciones afectadas, por algunas ONG y grupos ambientalistas, pero para la mayoría de la población mundial es sólo un ingrediente más en el lápiz labial o en la cocina.

 

 

Los efectos para el medioambiente

 

Se ha presentado este cultivo como protector del ecosistema, lo que no corresponde a la realidad. A veces se asocia como solución a la destrucción del medioambiente, como compensación a la contaminación, según los acuerdos de Kyoto. De hecho, los estudios de los varios continentes demuestran, al contrario, que existen daños enormes para el medioambiente, tanto por la utilización de abonos, como por la destrucción de bosques existentes, sin hablar de todos los reiterados efectos del monocultivo productivista.

 

Los efectos sociales

 

Los efectos sociales en muchos casos son desastrosos, por la destrucción del entorno tradicional, de los tejidos sociales y la expulsión de pequeños campesinos de sus medios habituales de producción. El caso de Colombia es bastante ejemplar en este sentido. Sin embargo, consecuencias sociales negativas han sido señaladas también en Indonesia, en Malasia, en Papuasia y en otras partes de los continentes latinoamericano y africano. Este cultivo forma parte de la eliminación de la agricultura campesina para transformar el sector en una producción concentrada con parámetros capitalistas.

 

 

Las hipótesis de trabajo

 

El creciente interés con que las transnacionales han promovido la introducción de cultivos extensivos de palma africana en numerosos países del área tropical, responde primariamente al interés por mantener controlada la fuente de materia prima de su industria de producción de aceites. Con esto logran mantener a la baja los precios de la materia prima. Siendo propietarios de todo el proceso de elaboración, estos precios bajos de la materia prima no sólo no los afecta, sino que les aporta jugosas utilidades ya que el precio del producto final es cada vez mayor. Al relocalizar la inversión, las transnacionales además dejan de compartir los importantes costos sociales y ambientales que esta práctica conlleva. En cambio, para los países productores, los bajos precios resultan en aumento de la dependencia exterior, en salarios bajos, en disminución en la ya baja calidad de vida y en muy serias afectaciones socio-culturales y ambientales. Esta es una primera hipótesis.

 

La segunda hipótesis toca con la extensión posible y probable del cultivo de la palma africana para producir energía renovable, con base de biomasa. Este tipo de utilización exigiría también una producción masiva y extensiva bajo el modelo productivista, con todas las consecuencias ya indicadas. De la misma manera, para mantener precios bajos, este tipo de producción implica una extensión de la producción.

 

De ahí que deban investigarse todas sus formas, y que pueda y deba preguntarse si hay o no verdaderas salidas alternativas, denunciando además la distorsión semántica, el uso económico y político de lo que se presenta como alternativa sin serlo. Debe interrogarse entonces si lo alternativo puede ser seguir sembrando palma, cuando, por lo menos en el caso
de Colombia, este proyecto agroindustrial está totalmente cimentado en el terror y en el despojo de tierras a partir de sistemáticas violaciones a los derechos humanos, colectivos y ambientales.

 

Además, debe interpelarse: ¿es conveniente continuar sembrando palma en las selvas húmedas tropicales, en regiones consideradas de la mayor biodiversidad en el mundo? Hay razones para pensar que causa un daño aún más grave a la vida de la humanidad. En lo ambiental, parece que la palma no absorbe más CO² que los bosques naturales, habitados y cuidados por culturas originarias. De igual forma, no existiría la capacidad de producción de biodiésel que sustituiría el consumo mundial del petróleo.

 

La privatización territorial por la fuerza, mediante políticas públicas y empresariales, y la mercantilización a ultranza de la biodiversidad, acarrean la destrucción del planeta y el aniquilamiento de las sociedades campesinas amenazadas de expulsión masiva de sus tierras. Cualquier alternativa debería ser gestionada desde la perspectiva de los bienes comunes de la humanidad. La decisión no le compete al mercado en lo esencial, sino a los poderes políticos de las naciones y a las esferas de determinación de los pueblos. Lo llamado alternativo, como el biodiésel obtenido del fruto de la palma, no puede sólo discutirse desde unos enfoques de ciertos discursos supuestamente ecologistas, que no parecen tener en cuenta suficientemente la mayor destrucción de la biodiversidad y el avasallamiento de la humanidad.


Estas prácticas se inscriben en la búsqueda de nuevas fuentes de acumulación para el capitalismo mundial. Junto a la destrucción de la pequeña agricultura campesina y a la extensión de monocultivos, en particular en los campos de la soja, del eucalipto y de otras plantaciones, la producción de palma africana entra dentro de esta estrategia.

 

 

Guía temática

 

El resultado de esta investigación, constituirá una herramienta muy útil para las aproximaciones sucesivas al tema, pues aportará una visión transdisciplinaria de la evolución reciente y de la actualidad del fenómeno de la expansión de cultivos de palma africana, así como de su impacto social y medioambiental, haciendo hincapié en el papel de las empresas transnacionales y en las políticas internacionales.

 

La finalidad de este trabajo tiene al menos tres niveles: dar la información primordial para la toma de conciencia necesaria, que sirva a una reacción de la opinión pública, de la sociedad civil y de los gobiernos; ser la base factual de una campaña internacional desde las comunidades afectadas, como desde las ONGs y redes interesadas en el tema; y desenmascarar lo que se propone como soluciones alternativas sin ser verdaderamente tales, desde el punto de vista de los derechos de las poblaciones y sus legítimas demandas de auténticas alternativas, de vida digna y de respeto al medioambiente.


 

Bibliografía


EYBEN P., Pourquoi faut-il sortir du nucléaire ?, Contact (Liège), n° 5, juin 2006.
GALLOU D., La biomasse reste peu exploitée, Le Monde - Dossiers et Documents, n° 9, mars 2006.
LAUER S. (a), Biocarburants : une fausse idée, Le Monde, 09.06.2006.
LAUER S. (b), Réinventer la mondialisation, Le Monde, 11-12.06.2006.
Movimiento Mundial por los Bosques Tropicales, varios documentos, www.wrm.org.uy/inicio.html, 2001 a 2005 y El amargo futuro de la palma aceitera, Montevideo, 2001.
RIFKIN J., Un petit pas pour l’hydrogène, un grand pas vers une nouvelle ère énergétique, Le Soir, 22.02.2006.

 

 

Autor: 
François Houtart

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